¿Cuántas veces le habré pensado a la izquierda unida? Ni con la súper computadora de la UNAM podría calcular el número de ocasiones en que le he tenido esa idea. Una y otra vez lo he dicho, y lo repetiré cuantas veces me lo demande la conciencia: este país necesita un gobierno de izquierda que vaya hacia los pobres antes de que ellos vengan contra nosotros.
La izquierda, sin embargo, no escucha.
Se mantiene impávida, impasible, imperturbable, flemática e impertérrita, como si en vez de tener sangre en las venas tuviera horchata, atole o consomé de pollo rebajado.
Pocos,muy bien identificados o casi nulos son los esfuerzos que se realizan en este sentido.
¿Podrá una izquierda dividida participar con posibilidades de éxito en la elección presidencial? ¡Nooo!
Marcelo Ebrard y López Obrador son los precandidatos más viables, pero ninguno de los dos cederá en su aspiración al otro, y no es difícil pensar que ambos se presentarán en la contienda.
Debilitado el PAN como está hoy, y sin una figura relevante que garantice un tercer sexenio blanquiazul; dividida la izquierda como casi seguramente lo estará al llegar el proceso electoral del 2012, el camino del PRI hacia la Presidencia parece ya asfaltado.
Es obvio que nada de lo que se diga ahora puede darse por seguro -la política es un juego impredecible-, pero las actuales circunstancias permiten arriesgar un vaticinio: la izquierda tendrá dos candidatos en la próxima elección presidencial...
Que lástima en verdad.
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